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En Paraguay prohibieron...

En Paraguay prohibieron tu poesía; mas te leí setenta veces cinco. Y dije: ?No, señor; ninguna culpa, ninguna prueba cierta de delito yo encuentro en estos versos remojados en el sudor con sal del hombre limpio; la culpa, en todo caso, es de nosotros, de nuestro fatuo corazón de vidrio?. Y en tanto te prohibían, tu poesía seguía trajinando los caminos, tocando las aldabas de las puertas, llamando a los transeúntes cual silbido. La sal de tus poemas instalaba en derredor del fuego aquel sentido primero de las cosas: el deber de compartir con todos pan y vino. La luz encarcelada se hizo libre en tu palabra suelta como un mirlo a la que se sumaban las palabras de los demás poetas, y fue río entonces la canción de toda América. Ya no hubo cuento que quedó sin niño. Y el sol, moneda dura, se hizo gente. Y se lavó la vida con rocío.