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Poema.es

Mil

Se llega a mil, señora, con la verja que cerca a su jardín, de doce metros. Las estrellas que el ojo no ha contado nada quitan ni añaden a estos versos. Porque casada cambia de maridos: un Dios te salve y nueve Padrenuestros. A tanta cifra agrego aquí los guiños romances, citas, y piropos cientos. Es siempre doce el número mejor. Morenas doce rosas, por ejemplo. Un paraguas abierto y una lluvia no dejan ver a una mujer de duelo. El resto es saldo de ochocientos perlas, así como cincuenta y dos dineros, pañuelo con que abulto mi corpiño. A mil llegué señora y firmo el verso.