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Biografía de una noche cualquiera

Reviens-moi fanlôme de mes nuits, revois-moi que je me trouve César Moro Atravesar un pasadizo a oscuras, palpar la tibia humedad de sus paredes, su babosa suavidad de recto laberinto. Hacia el fondo una luz Gritas pero nadie escucha tu grito. Tiemblas, pero nadie siente tu temblor. Tienes miedo. Tú que nunca lo tuviste, ahora tienes miedo. Has tropezado a ciegas con obstáculos, has encendido inútiles antorchas, has maldecido y orado y vuelto a maldecir. Tus dedos se aferran al hilo conductor. Ese hilo es una larga vena en la que corre tu sangre; estás atado al punió de partida, pero algo más fuerte te impide volver. ('¡Ariadna!, tú que ideaste este ardid, dime ahora cómo salgo de este laberinto, dime cómo he de palpar estas paredes sin rasgarme las manos, cómo es que hay un afuera que me atrae como al suicida el vacío. Ariadna, tú que alimentaste amargamente mis deseos, tú que me creaste para concebir contigo, dime qué horrenda verdad se oculta bajo esta ciega luz. qué palabras moverán las columnas de este palacio derruido, que voz arrullará mi sueño cuando retorne al sueño. No dejes, Ariadna, que se corle el hilo queme ata a tu vientre, no permitas que el negro dolor se apodere de tu cuerpo y me destruya.') Ya es de noche. El viento mueve con furia las copas de los árboles, escuchas sonidos inútiles y un breve jadeo índica que todo está bien, no tienes de qué preocuparte.