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Ridiculus Mus (Epístola a Quinto Horacio Flaco)

Horacio, jamás tuviste mujer que te abandonara en los cinemas Tampoco tuviste que aprender a rechazar un cigarrillo Ni a esconder tus flacas piernas debajo de la túnica Sólo corriste indiferente hacia los campos Y fuiste feliz comiendo con la plata de Mecenas Jamás subiste solo a los tranvías y es tu gloria Cantarles por amor al bien y a la belleza No tuviste por qué rendirles culto a las ciudades Ni inclinarles tu noble cabellera Horacio, el bienamado por los reyes y los dioses Poeta mesurado con el vino y con los versos Te he visto hoy acariciándote las barbas y esperando Que apareciera al fin el ridículo ratón del que me hablabas.