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Poema.es

Dame ungüento de carne, loba

La prisa despareja con que miro tu piel la premura apretada con que altero tu cuerpo y este desasosiego en que empapo mi lengua para hablarle a tu carne y lamer a tu voz son como ávidas gotas de estaño compasivo que busca aminorar las grietas de la muerte La planta de la edad nos chupa nuestros días abriéndose como una flor negra, abominable y en este esplendor de hoy se oculta la simiente de una desposesión calcinada y perversa como la del desierto. En el calcio del tacto hay una lenta caries que nos invade desde el fin aterrador del tiempo y de la vida Presuroso y perdido unto en mí tu persona y soy un bulto de hombre y de loco y de perro que corre por tu cuerpo y a la vez por un túnel despavoridamente lamiendo en las tinieblas