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El infierno

El bien irreparable que me hizo tu belleza y la felicidad que se llevó tu piel son como dos avispas que tengo en la cabeza poniendo azufre donde consevaba tu miel. ¡Cambió tanto la cena! Botijas de tristeza en vez de vasos de alba tiene hoy este mantel y aquel fervor, espero esta noche a que cueza para servirme un plato de lo que queda: yel. Rara la mesa está: La miro con asombro, como y bebo extrañeza y horror y absurdo y pena. Se acabó todo aquel milagro alimenticio tras un postre espantoso me levanto y te nombro que es el último trago de dolor de esta cena, y voy solo a la cama como quien va al suplicio.