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Prólogo (El libro de Lilit)

          Estas ruinas que una vez fueron carne y voz           están hoy abandonadas a nuestro cuidado           somos los responsables de su eternidad Después de cocinar el adobe llegó la alegría de los muros y el aliento de las ventanas caía la tarde como por la cuchara resbala la miel atardecía despacio dándonos tiempo para entender la noche descendían las horas en la desnudez del aire el viento aromaba las sombras caída la tarde               el miedo no tenía nombre