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Poema.es

Autorretrato del otro

¿Son estremecimientos, náuseas, efusiones, más bien esas ganas que a veces tiene el hombre de gritar? No lo sé. Vuelvo a escena. Camino hacia los reflectores como ayer, más veloz que una ardilla, con mi baba de niño y una banda tricolor en el pecho, protestón e irascible entre los colegiales. Es que por fin lograron encerrarme en el jardín barroco que tanto odié y este brillo de ópalo en los ojos me hace irreconocible. El gladiador enano (de bronce) que he puesto encima de la mesa -un héroe cejijunto y habilísimo con su arma corta y blanca- y su perra enconada son ahora mis únicos compinches. Pero cuando aparezca mi tropa de juglares limaremos las rejas y saldré. ¡Puertas son las que sobran! Bajo la luna plástica ¿me he vuelto un papagayo un payaso de náilon que enreda y trueca las consignas? ¿O no es cierto? ¿Es una pesadilla que yo mismo pudiera destruir? ¿Abrir de repente los ojos y rodar por el sueño como un tonel y el mundo ya mezclado con mis fermentaciones? ¿O serán estas ganas que a veces tiene el hombre de gritar? Las Derechas me alaban (ya me difamarán) Las Izquierdas me han hecho célebre (¿no han empezado a alimentar sus dudas?) Pero de todas formas advierto que vivo entre las calles. Voy sin gafas ahumadas. Y no llevo bombas de tiempo en los bolsillos ni una oreja peluda -de oso. Ábranme paso ya sin saludarme, por favor. Sin hablarme. Échense a un lado si me ven.