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Poema.es

Dones (Fragmento)

                    I No te fue ddo el tiempo del amor ni el tiempo de la calma. No pudiste leer el claro libro de que te hablaron tus abuelos. Un viento de furia te meció desde niño, un aire de primavera destrozada. ¿Qué viste cuando tus ojos buscaron el pabellón despejado? ¿Quiénes te recibieron cuando esperabas alegría? ¿Qué mano tempestuosa te asió cuando extendiste el cuerpo hacia la vida? No te fue dado el tiempo de la gracia. No se abrieron para ti blancos papeles por llenar. No te acogieron; fuiste un niño confuso. Golpeaste y protestaste en vano. Saliste en vano a la calle. Te pusieron un cuello negro y una gorra de luto, y un juego torpe, indescifrable. No te fue dado el tiempo abierto como un arco hacia la edad de la esperanza. Donde naciste te sacudieron e hicieron mofa de tus ojos miopes; y no pudiste ser testigo en el umbral o el huésped, o simplemente el loco. En tu patria sobre su roca, con tanto sol y aire caliente, silbaste largamente hasta herir o soñar; silbaste contra la lejanía, contra el azar, contra la fastidiosa esperanza, contra la noche deslavazada, tonto. Y sin embargo, tenías cosas que decir: sueños, anhelos, viajes, resoluciones angustiosas; una voz que no torcieron tu demasiado amor ni ciertas cóleras. No te fue dado el tiempo de aquel pájaro que destruye su forma y reaparece, sino la boca con usura, la mano leguleya, la transacción penosa entre los presidarios, las cenizas derramadas sobre los crematorios aún alentando, aún alentando. No te fue dado el tiempo del halcón, (el arco, la piedra lisa y útil); tiempo de los oficios, tiempo versado en fuegos sobre la huella de los hombres, sino el año harapiento, libidinoso en que se queman tus labios con amor.