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Enterradero de El Ciprián

En este enterradero todos tenemos epitafio Una oscura canción que nos persigue desde el pasado hasta el presente Como una guirnalda de pobres vegetales, Estos muertos que me habitan a veces, que tanto cargo Que corrijo en sus posturas, en sus gestos, en sus hábitos, Que corren detrás de mí como el niño tras el llanto amargo del agua Se van navegando junto a mi sangre Como se va escapando el invierno en su fragata. ¿A dónde se fue quedando el ropaje de nuestros primeros abuelos Y el disfraz de loca y pordiosera de mi abuela Con su legajo estival después de pasar por los chamuscados Telares del viento, si eso dicen que la locura entra por el aire A su viento, donde todos hemos de ir con el primer himno o la campanada Terrena de esta suerte, de ser huérfano en la luz, En la territorialidad y en el polvo? ¿A dónde está ella y el cruel abuelo Que fue dispersando sus hijos por la tierra (Vitervo, Bredio, Janeth) Como las cuentas prófugas de un collar Que halamos con la rabia del tiempo, con esa sacudida De los animales que vuelven del espasmo Cuando la noche se posa sobre nosotros Como un gigantesco amaranto o como un pulpo Que se ha sacado partituras con el orgasmo pétreo de su tinta? Oh, mis primeros muertos que el chubasco del invierno Me trae en desordenadas imágenes Donde se contemplan el bestiario de las musas Si no he podido contemplar la levadura de sus huesos ¿Dónde está su tumba, abuela inmemorial de maíz y greda Marcaria Espinoza la que se fue sin ataúd Sólo con la mortaja de llanto de sus hijos ausentes En su humildad y en su locura? Nosotros abandonaremos estos cuerpos, habitaremos estas burbujas Que el invierno escupe. Habrá tumbas desde el cielo a la fragata, Nos hospedaremos en tu casa y seremos todos tan reales y desconocidos. Éste es tu enterradero de El Ciprián, donde todos tendremos epitafio.