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Poema.es

Romance del héroe

Oh, General don Esteban honor y prez de la Historia, canción de huayño serrano que en los charangos retoña. Tu nombre llegó a nosotros cuajado en sangre de coplas y floreció en la garganta silvestre de las palomas. Fue en esta tierra morena donde las quenas sollozan y el sol que dora las mieses canta en las tiernas mazorcas, donde tus manos forjaron aquella hueste gloriosa que socavó con sus huesos los Fuertes de la Colonia. Ríos de sangre brotaron del corazón de las rocas, y el fuego del exterminio redujo a escombros las chozas. Fue ruda y larga la guerra, mas, la raigambre criolla, medró en silencio de cruces como las jarkas coposas; y cada rama fue en brazo, y cada brazo un patriota. La Virgen de las Mercedes perdió sus dedos de rosa, por restañar las heridas donde los sables se embotan, y los caudillos del pueblo fueron izados en la horca, como banderas de triunfo que en el arco iris tremolan. El alba segó las mieses con su guadaña de alondras, sembrando polvo de luna sobre la augusta memoria de aquellos hombres bravíos que armados de sus picotas, cavaron el horizonte para que alumbre la gloria. ¡Ay! General don Esteban, flor de charango y paloma, qué duros vientos soplaron sobre esta tierra de auroras, cuando los wauques bizarros tiñeron en sangre roja, la copa de los chilijchis que incendia el sol de Viloma. Pero jamás tu alma grande se doblegó en la derrota, y vencedor o vencido fuiste el Quijote de Aroma que acicateando a su potro que ante el nevado resopla, contra un molino de viento trizó su lanza ilusoria. Porque los hombres del Valle hechos de arrullo y de roca, son fieros como el torrente que se desborda en las lomas, y altivos como las cumbres donde los cóndores moran. Las nubes se disiparon en un airón de gaviotas, prendiendo un haz de leyenda sobre las viejas casonas de la romántica Villa que las retinas asoma: con sus balcones labrados y sus callejas tortuosas; donde creciste, Aguilucho de la insurgencia criolla, enmadejando horizontes en tus pupilas indómitas. Tu espada talló en los riscos el Himno de la Victoria, y urgidas de primavera reflorecieron las lomas, bajo el resuello del viento que los capullos deshoja, para enflorar el sendero por donde marchan tus tropas. Porque esta Patria que amamos hecha de fuego y aurora, nació a los senos frutales de las mocitas criollas, y es hija de esos guerreros tiznados en sangre y pólvora. La selva meció tu sueño con el rumor de su fronda, y destrenzó de crepúsculos su cabellera olorosa, sobre el fanal de luciérnagas donde tus restos reposan. El tiempo pasó descalzo sin dejar musgo en tu fosa, y es a través de los siglos que se agiganta tu sombra, sobre la América libre que te bendice y te invoca, como al más bravo Caudillo de los que ilustra su Historia. Oh, General Don Esteban, espada de los patriotas, valluno de pura sangre tallado en fibras de roca, tu imagen de alto relieve quedó acuñada en la aurora, y hoy como ayer, en el alba, cantan campanas de gloria.