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Poema.es

De visita

          Cuando llegue la hora, no hagas ruido. La casa bulliciosa olvidará tu paso al poco de irte como se olvida un sueño desabrido.           No te valdrá el amor ni la paciente entrega a su cuidado. Márchate silenciosa, suavemente.            Entre sus moradores, alguien crece para quien defendiste la techumbre, los muros y los altos ventanales donde la luz cernida comparece cada nueva mañana.                      Es la costumbre: Permanecer no entraba en el contrato y es preciso partir                      (de todos modos, no pensabas quedarte mucho rato).