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Poema.es

En la ducha

Ya el agua se despliega por tu cuerpo con sus redes de espuma y su tenue perfume, que es el perfume de tu piel desnuda, de tu piel que revive con el agua más acá de este día. Desde el vano, a la confusa luz del despertar (porque al sueño le cuesta irse a dormir), te veo enjabonarte muy despacio, con morosidad casi, serena en el detalle y la inspección. Has detenido el tiempo al ignorarlo, y sólo yo lo advierto, parado en el umbral que te destaca. Contemplo el agua algodonosa fluir sin pausa por tus muslos: dos regueros que llegan al esmalte y forman un arroyo improvisado. Van también, con el agua, algún cabello, las íntimas heridas de la piel y sus fríos rescoldos. Se van, como el agua, a ningún sitio, sin duda reprochando mi insolencia, mi pie junto a la puerta y este silencio fijo, que te acoge. Amanece, y es tu cuerpo también el que amanece bajo el agua lustral de la complicidad. No sabías que estoy, y ahora lo sabes, y te gusta saberlo. En mis ojos sorprendes un refugio, la imagen de un deseo que te afirma (porque el sí que no enlaza no es un sí), y nada falta en ella, como en la vida.