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Poema.es

En la terraza

Suspenso en el polvillo de la luz, madura el escenario de la tarde, su armoniosa maraña (tejados y jardines, el curso del canal con árboles al fondo, el parque abandonado) que implica al que lo mira en un mapa de ausencias, donde ceden las formas al lento escamoteo de sí mismas. En la frontera ingrávida que junta día y noche, lo que existe juega a la inexistencia, se aventura, tal vez, en el camino de su disolución. Es una disciplina, un trato entre el mirar y lo mirado. Todo aparenta, entonces, aligerarse, como si en la sombra latiera aún la levedad del tránsito, el vuelo irreversible de la luz. Al fondo, refulgente, la arboleda destila una vez más esa humedad que desdibuja el mundo: coronando sus copas vuelan los estorninos, se detiene la brisa, el cielo es un estuario amoratado que fluye hacia la noche. Todo calla bajo la fiel marea de la desposesión. Y éste que ahora se asoma a la terraza, llevado de la intriga y el asombro, sabe que en su interior vuelve a brotar la luz, indescifrable, lección de permanencia que enciende la memoria al apagar el mundo.