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Abuelos (III)

Aquí se estableció con sus manteles de hule el carmín de aquel tiempo cuando el furor en los labios. Sobre una tabla blanca y lisa cuadriculó domingos en la harina. Quiso Génova, plantas y lo claro del cielo arriba de las flores. Negó oficios y amores con signos de pureza, y en su nombre creó un puerto de sombra un silencio de barco recién ido. Los hombres se casaron con descendientes de indios, trayendo un color nuevo a la familia y sus mujeres fueron bordadoras de brillo en las ojeras, operarias de costura recta, lavanderas. Por las noches hablaron del gran amor se interrumpieron las bocas largos ratos con él y se fueron al viento de la mañana. Este sol y estas sombras les pertenecen aquí están las paredes recogiendo los días que se vienen al suelo con el revoque en un contraste duro donde la vida juega con la muerte sus dedos en las trenzas.