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Lo que vi (Nombrar perecedero)

                              Supuesto que sueño fue,                               no diré lo que soñé:                               lo que vi, Clotaldo, sí.                                         Calderón de la Barca           No tengo miedo nombraros ya con vuestros nombres, cosas vivas, transitorias. (Unidas sois un acorde de la eternidad; dispersas -nota a nota, nombre a nombre, fecha a fecha-, vais muriendo al son del tiempo que corre.)           No tengo miedo nombraros. Qué importa que no le importen al que viva, cuando yo haya muerto, vuestros nombres. Qué importa que rían cuando escuchen mis sinrazones.           Vosotras sois lo que sois para mí: mágico bosque perecedero, campanas que regaláis vuestros sones sólo al que os golpea. Cómo darlos al que no os oye, fundir para sus oídos metal que el instante rompe, metal que funde el instante para un instante del hombre.           No tengo miedo nombraros ya con vuestros nombres. Sé que podría fingiros eternidad. Pero adónde elevaros, arrojaros, hundiros en qué horizonte. Por qué arrancaros los pétalos que la lluvia descompone.           Mías sois, cosas fugaces, bajo marchitables nombres. Actos, instantes que el viento curva, azota, araña, rompe; suma ardiente de relámpagos, rueda de locos colores. otoños de pensamientos sucesivos, liman, roen vuestra realidad, la esfuman como el sueño en el insomne.           Pero sois yo, soy vosotras, astro viejo en vuestro orbe perecedero, almas, alma. Orquesta de ruiseñores, soñáis al alba el recuerdo de vuestro canto de anoche.           Nombraros ¿no es poseeros para siempre, cosas, nombres?