📜
Poema.es

Remordimientos en traje de noche

¿Qué estoy haciendo aquí, qué hacemos todos copa en mano, apurando el indolente pitillo de la fiesta, tan tranquilos y pasándolo bien, como si nada sucediese en el mundo, como si tuviésemos derecho y fuese lógico? Hagamos una pausa. Considero las desdichas del prójimo: una guerra remota, la sequía en las regiones del hemisferio sur, o una explosión en una calle atónita, rompiendo en mil pedazos cuerpos como el mío. Cosas que causan víctimas, monstruosos terremotos, miseria. Y no obstante, ¿acáso es justo que la indiferencia sea cifra de culpabilidad? Sabemos que convierte en inocente a la víctima: haber sido la víctima, estar allí en el momento indicado, naciendo, paseando, siendo uno, como si no existiese una inocencia original, sino sólo complejos resortes del azar que repartiesen inocencias terribles. Es así que el condenado a muerte inspira alguna simpatía. Nos consta que, a su vez, es víctima, instrumento de un designio inescrutable, brazo de otros móviles. Y sobre todo, aquel a quien mató, qué fue sino uno más, otro culpable que cualquier circunstancia expuso un día a mortal inocencia. Por lo tanto la indefensión redime, y al fin somos cada uno de nosotros potenciales víctimas y posibles inocentes, y ser culpables sólo es un estado de probabilidad, como una espera. Y estamos aquí solos, con la carga de la culpable y frágil salvedad, sabiendo que pudimos ser los otros, nacer allí, pasar en ese instante, pero siendo nosotros y aliviados y pasándolo bien, que es lo más lógico. Empuñando la copa y el pitillo como imposible escudo contra el miedo.