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Poema.es

Nuestra leona

Sé que el sol va y viene, inquieto, husmeándome entre los cañaverales. Sé que se demora en el cénit mirando ansiosamente el valle. El sol era nuestra leona. Una imagen, aún de humilde imaginación verbal como ésta, va a la mente y le pide que condescienda con el poeta. Es el trato. Esta vez no, esta vez sólo pido vuestra mirada inmediata y literal: ¿Quién, tan esbelto, salta de la ventana a mi tarima y me levanta de la nuca con sus suaves fauces y me lleva al río si no es el sol? El sol era nuestra leona. Un aliento cálido me envuelve siendo aquí, en Baja Sajonia, invierno: es la imagen creando su espacio en mi cuerpo enfermo, es el sol que me husmea como a hijo falto, allá en el norte de mi país, donde me enseñó a caminar obligándome con el hocico.