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Poema.es

En los pistilos

De luz te vi nacer donde la estirpe de un sol de sangre entre las nubes límpido alumbra la voz de las raíces. Si entro en tu sueño me despierto, amanecen las sombras por tu alcoba, en tu nombre se enciende verde el mundo donde estallan luciérnagas de lumbre. Desde lo alto de ti en un acorde me bendices y con el barro de tu boca formas un pedazo de mí como tu historia propia. Calla por ti el soplo lengua adentro, la ronca voz donde maldices. Tu piel en su ritmo me levanta y en los cármenes te escucho pesumbroso cómo devoras mi carne y mis fermentos. Todo en mí avanza y se detiene y todo por entero desciende en un relincho: lo que no fui lo que no soy, lo que me nubla y me desaparece, animal que lame al animal de la doliente. Las bodas de las flores se dan sobre el estigma. El polen se desprende al comenzar la aurora y en un solo momento la vida se redime y entonces se retira. La santa en penitencia grita que pueda ser de fuerza su grandeza, bailando en este reino sin escrúpulos. Teresa es soberana en su magnificencia y con su voz de pájaro en su preñez avisa: 'Escribo abierta, volando y con jacintos de golpe me doy cuenta que estoy viva.' Y de misterios tantos se tiñó su lengua, su resplandor fue aquel fecundo encuadre con sus trenzas, sus mejillas ardiendo en jeroglíficos y en éxtasis los ángeles agradecidos lamieron el temor en su flaqueza. 'Señor, lo que pasó pasó, ahora muéveme hacia el gozo y con tus alas determina quién será por mí aquel letrado único de corazón ensimismado que de provecho diga en oratorio: Perra, hagamos juntos este mundo.?