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Mi rebelión

Un día partí lejos. Cuando mi padre se olvidó que yo tenía senos. Callé de golpe y dije adiós. - Decir adiós es tener pájaros feroces en las manos -. Me fui hacia allá donde todo es azul y es torrencial y fresco: la montaña. Iba con mi arado silencioso y un alto sueño de tambores en las manos. Inmensa, conjugada con el viento, recorriendo la cordillera de mi vientre, fresca como la santalucía que nace libre en los parajes. Después ya nadie me pronuncio en las clases, ni en mi barrio ni en mi casa. Solo la leyenda de mi valija al hombro, con mi mochila de luz creciendo arriba de mi espalda. Después, ya nunca pregunto mi padre si yo tenía lápida, cruz o alguna azucena dormida entre los dedos.