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Poema.es

Hasta los dientes

Uno no puede, siempre, andar gritando al mundo a voz en cuello todo lo que te quiere. Uno no puede, a veces, olvidar el idioma en que la vida anda sacrificando mariposas bajo nuestras promesas de Septiembre. Por eso son forzosos los crepúsculos, cuando el cielo en silencio nos desteje sus ovillos de noche estremecida por un filo acechante de jazmines y rosales silvestres. Por eso son vitales las caricias, la risa al viento, el beso que sucede y nos exilia de la hipocresía, de los negros olvidos, de la lluvia con que el odio desnuda la intemperie... y nos enciende huecos de panales y nos amarra al borde de la luna como gaviotas a lejanos muelles. Por eso, en ocasiones, suelen ser perentorias las miradas que escrutan la tibieza de las pieles. Esas que acaso trenzan la ternura en la semilla pura de tu vientre para ejercer el cielo o el abismo, las del reloj de sangre, las que engendran la magia prodigiosa de los duendes. Por eso, ¿de qué sirven las palabras? ¿no es hermoso ir armados de amor hasta los dientes, sin más desvelo que morder la sombra en la hondura ritual de tu relieve? sabiendo que a pesar de todo esto, uno nunca ha podido, uno no puede andar gritando al mundo a voz en cuello todo lo que te quiere.