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Poema.es

Día para no estar

Vete, día maldito; guarda bajo tus párpados de yeso la mirada de lobo           que me olvida mejor; camina sobre mí con tu paso salvaje, simulando un           desierto entre el hambre y la sed, para que todos crean que no estoy, que soy una señal de adiós sobre las piedras; cierra de para en par, lejos de mí, tus fauces sin crueldad           y sin misericordia, como si fuera ya la invulnerable, aquella que sin pena puede probarse ya los gestos de           los otros; y tiéndete a dormir, bajo la ciega lona de los siglos, el sueño en que me arrojas desde ayer a mañana: esta escarcha que corre por mi cara. Aun así, he de llegar contigo. Aun así, has de resucitar conmigo entre los muertos.