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Poema.es

Al portaviones Intrepid

                                                  Santo Domingo, febrero de 1962 (de las agendas                                                   cablegrafías internacionales): Mil quinientos                                                   marinos del portaviones 'Intrepid' desembarcaron                                                   aquí en viaje de descanso y esparcimiento. Yo sé que eres un triunfo de formidable acero, yo sé que tus marinos son muchos abejorros blancos de nudoso pañuelo, yo sé que por la línea que ronda tu cintura de hierro vaga una lengua azul que lame y acaricia tus entrañas de fuego, yo sé que por las ondas que muerden tus dos hélices huyen despavoridos los tiburones y los celentéreos, yo sé que cuando suenan tus públicos cañones huyen como palomas o gallaretas los archipiélagos; yo sé que eres un portaviones todopoderoso, yo sé que tú defiendes un formidable imperio que se reclina bajo tus hombros, que en ti se apoya y extiende su comercio, yo sé que eres un portaviones todopoderoso, un dios marino que vomita fuego y hunde de un solo soplo las pequeñas Antillas como todo un poderoso portaviones Intrépido. Pero tú has ido a la pequeña rada de Santo Domingo, pero tú has ido a la dulce bahía de Santo Domingo ligeramente agitada por ondas subterráneas en los alrededores de este mes de febrero, pero tú has ido a la dulce bahía de Santo Domingo con todos tus marinos de nudoso pañuelo, pero tú has ido a las pequeñas aguas de Santo Domingo solamente por miedo, solamente por miedo. A estas aguas pacíficas y elásticas, solamente por miedo. ¡Quién pudiera decirlo de tus bronces, portaviones Intrépido! Tú tan lleno de potencias interiores, tú tan lleno de bruscas erupciones y movimientos sísmicos y huracanes de roca derretida y tanto fuego, capaz de aniquilar a todas las Antillas con un solo resuello, surto en la enternecida rada de Santo Domingo solamente por miedo, con todos tus cañones desplazados solamente por miedo, bien ceñido el feroz cinturón acorazado solamente por miedo. ¿Será porque la carabela capitana, aquella Santa María, hace ya mucho tiempo, vino a amarrar indígenas después de descubiertos y fue en los farallones y las rocas convertida en cadáver marinero? ¿Será porque el furioso buque insignia acorazado de Memphis, no hace aún mucho tiempo, vino con sus cuatro chimeneas a contener al pueblo y fue en los farallones y las rocas convertido en cadáver marinero? No, portaviones Intrépido, tú eres demasiado triunfo de la alianza del bronce y el acero para huir de farallones y de rocas, de la espuma y del viento, a ti te aterrorizan otras fuerzas más anchas que el imperio que apenas se cobija en tu coraza como los celentéreos, que ponen en peligro tu sendero y espantan tu comercio, a ti te aterrorizan estos hombres, fieros y subterráneos, que de pronto crecen, se dan la mano por todos los países, rompen gobiernos como si fueran viejas cartas marcadas o portaviones viejos, suben y destruyen las mentiras de todos los imperios, de todas las agencias cablegráficas, de todos los consorcios extranjeros, de todos los cañones y los buques soberbios, de todos los aviones y de los portaviones, los aviadores y los marineros, las embajadas y los consulados, de todos los Estados y sus Departamentos sus Congresos y sus Conferencias, su diplomacia y sus testaferros. A ti te atemorizan esas ganas de morirse que tienen estos pueblos, porque van muchos años, muchas elecciones, muchos millones y muchos prisioneros , y muchas jornadas de sudor no pagado y demasiado silencio, y con esto no pueden tus cañones de bronce, tu coraza de acero, y con esto no pueden tus mentiras de plomo, tus entrañas de fuego, porque van muchos años, mucha sangre mezclada con sudores y atropellos, mucha mutilación y mucha infamia y demasiado ejército, y con esto no pueden los rugidos de tus calderas, ni tus motores aéreos ni tus grúas eléctricas y pavorosas , ni tus toneladas de desplazamiento. ¡Oh, portaviones Intrépido!, tú en estas tórridas aguas de Santo Domingo solamente por miedo. Recoge, prodigioso milagro de la orilla, tus dos anclas de hierro y vete envuelto en pertinentes suavidades y secretos, vete al favor del diluido viento, que hay pasiones y oscuros huracanes en todo el archipiélago de las antillas, y no vuelvas, antes que el incendio de todas las mujeres y los hombres de todos los pueblos alcancen lo que alcanzan en el mundo ellos, solamente por cólera infinita y tú,               solamente por miedo.