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Décimotercera poesía vertical (41)

Desconocer que el río es una espada y que las cosas sueñan sueños propios es ignorar que aquí, junto a nuestra mirada, existe otra: la mirada recóndita del mundo. Cuando se la descubre, la vida se da vuelta como un guante que devuelve la mano que encerraba y el tacto liberado toca por vez primera cuanto existe. La realidad es un tiempo doblado que es preciso desdoblar como una tela de singular delicadeza para encontrar adentro otra mano que aguarda.