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Poema.es

Por el arte

¡Cuán hermosa es la muerta! Exuberante su desnudez sobre la losa brilla; yo la contemplo pálido y jadeante y tiembla entre mis manos la cuchilla. El profesor, que la ocasión bendice de poder explicar algo muy bueno, a mí se acerca y con placer me dice: -Hágale usted la amputación del seno. Yo que siempre guardé por la belleza fanatismos de pobre enamorado, -Perdonadme ?le dije con tristeza?, pero esa operación se me ha olvidado. Se burlaron de mí los compañeros; ganó una falla mi lección concisa, vi en la faz del maestro surcos fieros y en la faz de la muerta una sonrisa.