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Canción de los fundadores

Las pequeñas atrocidades amantes atraen los cielos sin nubes, cargan de favores imprevistos la boca devoradora de la bestia de los salmos. Ser la vaga inocencia del hombre de una vez, pero es incertidumbre el matrimonio distinto. Es el momento propico. De uvas angélica desciende la paloma; Nieva en los paraísos públicos. Somos los hijos crueles de la pareja humana; construímos la pirámide con nuestra sed y bebimos el agua espiando el desierto movedizo. No estuvimos en el entierro del coleccionista de estampillas de 'todos los países'; caímos a la hora de las flores dándose a la noche. Las partículas sedientas decidieron la amistad con los fuertes; en un diálogo con el tiempo los escorpiones del corazón decifran las serpientes del horizonte verde. En la otra ribera nos esperan las naves vacías; allí comen las llaves en el ojo del destino, de paso consideremos las grandes hojas creaciones de paso consideremos las grandes hojas creaciones del recuerdo en los pórticos inaugurados en la mañana de ayer; allí comienza el deseo en la piel y camina el puente ebrio de ríos; es el crecimiento de la danza y el sudor le enciende unas luces a las lágrimas: allí el sacrifico incruento, el pequeño lunar debajo de tu omóplato izquierdo; allí la nueva ciudad recién hoy fundada.