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Octógono fosforecente

De los cabellos pezuñas endiabladas, corazones configurados por la ausencia de los sonidos en la flor azul sobre el tejado rojo Los moribundos no alcanzaron la altura del disco rayado De los peregrinos sobre las huellas bajo los tallos gigantes en las axilas de la mujer santa. De los desfiladeros del perdón en las fronteras batidas por el avance de los filos de la consumación entre el hombre y la mujer De los triángulos consagrados al campo de descenso para tempestades continuadoras invencibles en el oficio de lámparas de hacer la noche. El mar nunca tuvo en cuenta la odiosa plegaria del fabricante de ataúdes. De los condenados en la cárcel octogonal confundidos en la designación llaves de plata; de los confinados en las islas aparecidas cuando la luna concluía la danza de los peces cuando ya nadie tenía corazón para adquirir regalos de los fáciles adoradores de la temprana llamada a los oídos de la italiana recién construida De las arañas cortesanas en la lengua tierna de la novia en las mejillas del prometido en las carreteras con bellos refugios para las ruedas detenidas en hacer por fin un minucioso análisis de las manos intrépidas En los timbres de la selva cuando despierta de espaldas a las costumbres aceptadas para todos Pero los fijados mueren de la mordedura del musgo en las paredes de sus casas De los enviados inquietantes cuando la paz lograda es una cinta comestible con la fosforescencia verdosa en la melena del asesino furtivo. de la carrera libre por los ascensos en la continuación del mar Cuando imagina es una piedra Amanecer de la maniobra inevadible estallido del trueno agudo