Derrochador de encanto, ¿por qué gastas
en ti mismo tu herencia de hermosura?
Naturaleza presta y no regala,
y, generosa, presta al generoso.
Luego, bello egoísta, ¿por qué abusas
de lo que se te dio para que dieras?
Avaro sin provecho, ¿por qué empleas
suma tan grande, si vivir no logras?
Al comerciar así sólo contigo,
defraudas de ti mismo a lo más dulce.
Cuando te llamen a partir, ¿qué saldo
podrás dejar que sea tolerable?
Tu belleza sin uso irá a la tumba;
usada, hubiera sido tu albacea.
Derrochador de encanto
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A un día de verano compararte
Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos...
Cuando en sesiones dulces y calladas...
Cuando pienso que todo cuanto crece...
De los hermosos el retoño ansiamos...
Las horas que gentiles compusieron...
No dejes, pues, sin destilar tu savia
Quién creerá en el futuro a mis poemas...