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Poema.es

A las dos de la tarde

Para todo el silencio de esta mañana basta la suciedad de los corredores Donde somos la víctima, La amenaza de todos contra uno; puede que un día cuando todo esto / no sea más que el espejo roto o el tedio de una pobreza honorable, recordar esta casa llena de / flores y olor a lavanda donde sufrimos a Rambaud y nos acodamos en el árbol más viejo / a aullar el dolor, a sacar por la boca el corazón como trapo inservible, donde arrancamos memorias y accidentes con la intención de / procurarnos algo que no tuvimos. Nos devoramos junto al hormiguero, nos comimos los ojos. No nos / queda nada, esto lo recordarás como la luz de una bombilla decentemente apagada, donde exhumamos nuestro aliento, cobijados como dos animales rarísimos, verdá que mañana cuando pongas el radio y escuchés aquellas / canciones de otro país que no es el nuestro sentirás una vociferación distinta a ésta con que trato de meterme y verás como es de pequeño todo esto: las sillas, el basurero, las puertas, el espejo, y te darán ganas de regresar / como al origen de algún deseo dudoso, de algo reprimido por temor a no sé qué. Estaré como otras veces en la silla de siempre donde suelo esperarte / con esa melancolía aprendida en los corredores sucios, el árbol viejo junto al hormiguero y ese espejo limpio por tu mirada. Tantas veces.