📜
Poema.es

La hora es grande

En la vastedad congregada: tu nombre: fulgor en la mirada, aliento puro de lo innombrable que te nombra. Te mira el niño en el fondo del anciano, invisible en las visibles regiones de lo creado. Viento que mueve las sábanas del sueño, el tiempo eterno: silencioso poder de tu fijeza. Presencia adivinada. Absuelve al hombre, aquel que contradijo su espíritu, puso arena en la lengua y te desdijo. Que en su noche se alce la cal de tu pureza para que el mundo vuelva a ser lo que fue en su principio: inocencia y nacencia, beatitud en la bestia ante la sal de tu misterio. Realeza del granito de mostaza, gravedad y grandeza de la arena. Descienda el alba a su cabeza, liberado sea del clavo y la armadura. Vuélvase transparencia el muro de su necedad. Infinitos son tus dominios, poderosos y vastos. Se parte en dos el mar, camina la montaña. Un nuevo sol desciende a la pirámide. Todo reino es abierto con tu llave. No hay cabeza ni puerta impenetrables. Revelación y misterio. Harina en la boca del que sabe pronunciar tu nombre. Muéstranos la ruta del rocío; el ojo parabólico del mulo; tus reinos, sus murallas, la fuente donde nacen el pasado, el presente y el futuro. Misterio de tu ministerio. Raíz del sueño en la eterna florescencia de la risa. Que el colibrí de tu instante se haga eterno y doblegue el cuello de la malicia y la arrogancia, ahuyente a los comerciantes del espíritu, los traficantes de la flor más pura, para que siga el hombre, sin la vieja armadura, la ruta de lo oculto o lo desconocido. En esta batalla no hay escudos. El silencio no es un dejar de hablar. Te vences a ti mismo y te enalteces. Tu esplendor ahuyenta la tiniebla. Ya vemos tu clara potestad montada en la yegua del alba; tu alborada de pájaros; los signos de tu nombre. ¿Cómo guardar tu fuego? En la confusa noche, haz que el alma recobre su esplendor. Cante el poema tu inminencia en las aguas del tiempo. La hora nueva que convoca la memoria en respuesta a la guerra del tiempo y de los hombres. Viva, gire la rosa del poema: un frescor de tu aliento en la lengua del mañana. Reanudo en mi alma el viejo debate donde lo dejé. Con el dedo en la llaga, expulso los demonios. Conozco al monstruo, henos de nuevo frente a frente. Que nos dejen a los dos, con este lenguaje sin palabras y te ofrezca, en ofrenda, mi escudo y mi coraza, más esta ansia de ternura alzada en el canto del más puro linaje, como aquel que nunca tuvo palabras diferentes para ayer y mañana. Que cese de una vez la negación. Y florezcan por siempre los signos de tu nombre. Tu aliento nos asista y tu potencia. Los tiempos son duros y la hora es grande. Las marejadas del equinoccio se alzan más allá del horizontes para el alumbramiento del porvenir. La hora es grande, hoy es ayer y mañana. Mantén alta en nosotros la insurrección del alma.