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Poema.es

September eleven

Ciudad mía, bienamada, eres doncella sin senos, N. Y. Ezra Pound. Y llegó de las alturas el fuego del dios del terror, y aquellos que aún dormían despertaron sobresaltados ante la pesadilla de lo real. Ante sus ojos el fuego, las llamas que se elevan hasta el cielo, fantasmas cubiertos de polvo, seres de carne y hueso, presas multitudes de un pavor acariciado por un autor famoso por sus geniales libros de suspenso. Otra vez la realidad imitando la ficción, el pánico moderno, urdido por un genio demente de la talla de O. Wells. -Nunca en mi vida vi algo semejante, dice la periodista estrella de CNN haciendo esfuerzos por contener sus lágrimas. -Yo soñé esta tragedia, confiesa Norman Mailer, la mirada azul estancada en su asombro, mesándose la barba recien encanecida, en mi novela el terrorista es un muchacho tímido, infiltrado en el Pentágono. Después de esta tragedia ya no seremos los mismos. En la jungla de la vida ningún poder está salvo de los peligros existentes; Un escorpión puede matar un elefante. De ahora en adelante ya no seremos los mismos. La violencia es la misma, inhumana, brutal. No cabe duda alguna, de todos los animales, el más rabioso es el hombre. Se necesita más sangre en los hospitales, aún no hay un total de la ascendente pirámide de muertos. Papeles, papeles, documentos secretos, seguimientos de la política exterior, libros en clave, todo Manhattan cubierto de papeles, basura, polvo y ceniza, ceniza los secretos, la inteligencia, la trama de la política mundial, los datos fidedignos de fieles e infieles, sus marcas de identidad. Nadie sabía hasta entonces, sólo los prebostes de la hermética informática del silencioso profeta de la violencia y su Satán. Nada, muy poco de la fe del infiel musulmán para quien la muerte se fija en el momento que venimos al mundo, nada, muy poco de su apego al Corán que fue siempre una espada para manchar de sangre el poniente y la aurora, una revelación que aniquila y convierte todas las cosas en su terrible Dios. Nada muy poco de la prosa alcoránica y el idioma infinito de la arena. Nada del sufí que danza hasta ver a Dios. Nada de esa batalla eterna que dan cuenta la montaña y el desierto. Nada del milenario burka que cubre el rostro de las mujeres afganas. ¿Y por qué nos odian tanto? preguntan los hijos a los padres, y los padres amnésicos no encuentran la respuesta, Alzheimer se llama la enfermedad de nuestro siglo. Humo, polvo, cenizas, alambres retorcidos, materia deleznable, sangre inocente que baja por los acueductos y llega subrepticia hasta las aguas del Hudson, alborotando los grasientos patos, sangre de las víctimas de un dios convertido en asesino por la acción de los hombres, su siniestra, invisible mano que ante la impávida mirada de la reina y el rey redujo las imponentes torres a ceniza, nada. Adiós luz del verano, el otoño se acerca, todo aquello que yace bajo tierra lo está sacando el tiempo a la luz del sol. En una semana se agotaron las profecías de Miguel de Nostradamus, Aquel, quien antes de su muerte, acaecida en el año del Señor de l536, anunció la catástrofe. lo que vieron nuestros ojos no lo verán otros ojos. En guerra, en guerra los átomos, las substancias y esencias, los elementos del desastre, en guerra todas las cosas que en aras del progreso ha inventado el hombre. En guerra el pensamiento contra la guerra misma y su rentable mercado que no se sacia nunca. No le faltan enemigos al espíritu humano. De aquí en adelante, todos somos sospechosos de envenenar el agua y emponzoñar el aire pues gracias al terror el mundo es cada día menos seguro y menos libre. Nacimos con las guerras moriremos con ellas, hasta allí nos arrastran la arrogancia y sevicia del empeño humano. Adiós luz del verano, ya se acerca el otoño, y el hombre solo, emperador de su impotencia, recogiendo sus huesos y sus pensamientos indaga al cielo, la nefasta nube.