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Poema.es

A una flor inmersa

Cae la rosa, cae atravesando el agua, lenta por el cristal de sombra en que su tallo ahoga; desciende imperceptible, clara, ingrávida, pura y las olas la cubren, la desnudan, la vuelven a su aroma, hácenla navegante por la savia que de la tierra nace y asciende temblorosa, desborda la ternura de su tacto en verde prisionero, y al fin revienta en flor como el esclavo que de noche sueña en una luz que rompa los orígenes de su sueño, como el desnudo ciervo, cuando la fuente brota, que moja con su vaho la corriente destrozando su imagen. Cae más aún, cae más allá de su savia, sobre la losa del sepulcro, en la mirada de un canario herido que atreve el último aletazo para internarse mudo entre las sombras. Cae sobre mi mano inclinándose más y más al tacto, cede a su suavidad de sábana mortuoria y como un pálido recuerdo o ángel desalado pierde una estela de su aroma, deja una huella pie que no se posa y yeso que se apaga en el silencio.