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Poema.es

Anunciación

Inserto en soledad de palabra vertida que apenas hiriera el silencio, siento la voz del sueño con su descenso casi imperceptible y sus labios de hielo, mas no el letal dolor que de mí nace, ni la perenne dicha del misterio aclarado más allá de las cosas, del último verano de la sangre que en su final latir crece trémula y nos inunda de su postrer sollozo, sino el misterio mismo con su propia presencia, sus invisibles alas, sus invencibles olas y la marea con que ahoga la más inundada palabra o aun la propia voz, y llega sobre el lecho, silencioso, negando su sonido, a destacar su dura esencia a despertar mi sueño con su sombra, a rescatarse en mí como cristal que guarda el recuerdo del aire, como cuando el silencio navega en aguas del silencio, y sobre mi cuerpo desnudo, tocando con su piel la húmeda frialdad de mis labios y voz, llegando hasta debajo de mis párpados, me inunda lentamente, me apresa con sus redes y en su océano quedo como última voz abandonada o el naufragio de sombra sobre sombra, y comprendo que sueño y sombra, confusos para siempre, no pueden exclamar: Ésta es mi sangre.