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Sonetos corporales

Tallo fecundo, de botón florido con cálida corola coronado, clavel triunfante, fuiste levantado por empuje de sangre, recio, erguido. Buscas, ciego, región donde, en olvido, se abandone tu mar aprisionado por estrecho canal, y encabritado, salte en espuma, libre, enardecido. Tu anhelo insatisfecho se repite en rada sola, en plácida bahía que espera que ese mar se precipite en su claro recinto de agonía. Pues a sed prolongada no sustenta agua que no comprenda lo que sienta. II Vaciado de ti, solo, enardecido por tu ausencia tan larga y dolorosa; convertido en gimiente y suave rosa y en solitario lar, inútil nido, el vientre se ha trocado en carcomido panal sin miel, ni abeja rumorosa y solitario, en su esperar reposa yermo, sombrío, confinado a olvido. Huésped espera casa tan amable, y quemante pasión; vida apacible merece un habitante perdurable. En mi carne de muro perecible espera un sueño a que te sea dable convertirlo en propósito tangible.