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La tirana III (Hotel Valdivia)

No quiero hablar del medio papelón Velázquez. Perdóname, pero no había nadie. No fue nadie a tu estreno cuando te arrendaste el Hotel Valdivia para restaurar la Inquisición de Lima que te quedaba más cerca y complacer así a tu Iglesia. Nos recibiste subido en el techo copiado a la pata a la cola de Miguel Ángel Y te tirabas desde allá arriba a hacer volar la pieza principal de los Reyes Católicos. Estaban tus peores amiguitas La Pío Nono, La Carla y La Reina María. Así fue que tu amigo el prelado buen mozo que merodeaba por el sector se persignara como el mar. La media fiesta, Rodríguez, los pocos invitados que iban llegando volaban por los salones, porque los cuerpos iban en el aire, Velázquez agarrando lámparas y gritando amor a los ataques inmisericordes de tus perros No sabíamos cómo monjas salir de ahí Y ya estábamos pensando en dar la muerte cuando te vino un fuerte bajón a la cara y se te ocurrió echar a volar a la mamá mente fuera de aquí, y verla paseándose desconsolada por los pasillos del hotel.