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Rapto en la catedral de Cuzco

I Veníamos en nuestros Harrier desblindados en descenso vertical continuo volando parados de frente desde donde las cavernas del firmamento absorbían corrientes curvas de otras mentes más desapercibidas Veníamos a llevarnos la catedral del Cuzco a alta mar la mansión de Dios subida arriba de nuestro portaaviones El Caravaggio Cuarenta anclas con cadenas de espesor comenzaron a arrastrar la catedral mientras la levantábamos con los Harrier por ocho costados desde los cimientos para que pesara como un Lipchitz Y mientras la sacábamos del Cuzco a remolque íbamos dejando un cráter de ancho rastro que cabía una doble fila de ríos Jordanes hasta que metimos la catedral al mar rodeada de boyas y ayudados por esclusas contra mareas la subimos a cubierta para zarpar Y por durante la mañana de anoche con la catedral ya arriba de El Caravaggio y con el mar soltando las amarras entramos los Harrier a la nave central y los hacíamos volar por dentro y pasearse en el aire y como muy educados haciéndoles visitas a los santos. II Ya allá desplazándonos de mar a mar después de haber volado al filo del infinito y desde sobre el espacio exterior donde quedaba el cielo invisible y de mil meses de andar solados surcando el cautiverio de los astros y aunque no sabíamos lo que hacíamos de nuevo dimos a fraguar la eucaristía de subir a nuestros desasosegantes Harrier con sensores de guía afinada y refuerzos y llevar al fin la catedral a la desconocida volando a muy altas descargas de iridio y ahí sujetándola en medio de las estrellas ver salir a Dios de sus confines mientras metidos en la quilla de El Caravaggio vivíamos el amor con agravantes y hacíamos olas que se levantaban del mar como espaldas de hombres salvajes sacudiéndose la vida