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Alguien tal vez allá, montaña arriba

Qué extraño ese viajero. Atraviesa los prados bajo su vellón con el hatillo al hombro. Se detiene junto a las matas, con mirada triste, o tal vez la tristeza no es otra cosa que el reflejo de este sol invernal tropezando en los picos yendo a morir sobre su rostro, gota a gota, tal vez, una mirada frágil, sin expresión. Difícil describir tanto silencio junto. El hombre no se mueve. Un aire cruza golpeando el rocío con delicadeza. A lo lejos se ven las montañas del sur, como un perfil borroso donde a veces la lluvia y los tornados son como tú, suceden. Al fin se ha puesto el sol y una neblina cubre los matojos. Qué extraño ese viajero. No escucha lo que digo, ni se mueve. Mira la hierba bajo sus pies, tan sólo mira la hierba, inmóvil bajo sus pies. No dudes de mí. Yo no podría imaginarte, ahora, cuando la noche sólo ha comenzado.