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Territorios de un cuerpo (VII)

DETRÁS de mi silencio oíste 'no', cuando quise decirte que no hay olas sin la polilla del tiempo, su escozor, o el duermevela de un escalofrío. De mi antigua ambición no queda nada, quizá no más de un torpe balbuceo quemado en el rescoldo de tu boca. Déjame a solas con la muerte. Para impregnarme de tu luz fue necesaria la tiniebla. Luego, al quebrar el alba, con un desasosiego que tiende a confundirse con la oscuridad busco tus ojos en los míos para que me confirmen que viví. ¿Me entiendes? También yo, como el sol, me pondré un día. Escribiré un poema sin mujer, sin nada, y al leer las palabras que dan forma a mi rostro tal vez no adviertas que no estoy. Abrázame. Pido la vez para apagar el sol.