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Diurno de la estatua

No hay pájaro que ronde a estas alturas por la anchura del cielo despejado; la bóvedad es azul, mediterránea, pero de sumo ardiente, intransitable. Fustiga la hora nona el parabrisas con la acupuntura de los rayos; imaginad entonces la intemperie que abrasa los perímetros del éter: nadie sale de casa en los contornos ni se desplaza a pie por las aceras como si bajo el signo de noviembre. El rumbo es un erial,                                         y yo atravieso ?con estupefacción reglamentaria? el radio de su aspecto desolado.