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El lugar de los hechos (II)

Llovieron muchos años de este lado y la humedad signando la suerte de los vientos que se dejan mecer en la trampa del agua. Las gotas amanecen sobre el filo del vidrio rajado en la ventana. Atrás del muro, larguísimo, humean los carbones quemados por el tiempo como antiguos ladrillos de la vida incompleta. Seguí a los animales que informaban la ruta con sus huellas. Y me tocó mi parte. Vi pasar los cuchillos de noche por la piedra y no he olvidado nada con los brindis que siempre inauguran el año y los presagios: velas que agonizaban a la espera de un barco milagroso, la mirada perdida de la culpa. Pero hasta aquí llegamos. Con estas mismas manos en el mismo esqueleto vigilamos la cal con que se escribe el muro porque no desvanezca con el agua abundante de las lluvias. Vigilamos la mano que intenta entre las sombras sobrevivir con lo hábil de su tacto.