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Los amantes del pueblo

Se dice que llegaron hasta aquí en un tren nocturno, con las lluvias de agosto que cubren las sequías. Su amor dio que fumar que beber que decir. Fue la cosa más grande después de la mujer araña en los años cincuenta. Eran irreverentes aquellos alaridos incesantes se oían a la sombra del sol y las vecinas como una cosa oscura que espiar, murmurar y hubo anuncios de prensa y apagones en las horas jadeantes. Los jóvenes del pueblo imaginaban manos acariciando labios, senos, caderas, brazos como la furia de los dioses esbeltos. Interminables fueron esos días que hasta la misma furia acabó maldiciendo los brazos del ejemplo, las bocas, las caricias pero ellos continuaron amándose en sus potros atáronse uno al otro los cuerpos y los sueños y las hierbas volvieron otra vez doradas las sequías. Partieron como nubes llamadas por montañas. Pájaros de cristal volteaban para verlos.