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Séptimo día

Huele a lombriz la tierra. Gusanos se disputan el tallo del rosal. Las manos que me llevan separarán las flores con papeles mojados. Regarán la costumbre con los ojos ausentes y una lata de Silvo conservará los bronces atendidos. Tocaremos el piso, de rodillas. Nos iremos bordeando el paredón por el camino angosto de los pinos con un ruido de pasos sobre las hojas secas hasta el próximo sitio de silencio. La muerte así de muerte es un vivo suspenso suele rodear la casa con sus símbolos encender las velas, dejarlas consumir adentro de algún plato, hacer que el día ande en puntas de pie que los domingos huelan durante mucho tiempo profundamente a flores en reposo.