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Noción de José Kozer

No es el hijo, ni del lobo ni de la cordera, de ahí su sentido de la organización. ?Acabo de contar 28 gaviotas rumbo al poniente.? No es capaz de bajar las escaleras corriendo como si hubiera visto un alma en pena para comunicar a su mujer Guadalupe la noticia: 28 gaviotas le recuerdan la fecha de su nacimiento, se retiene, algo sombrío y que no remite de pronto lo apremia. Pero pasa a la diversidad, así se zafa: cierto que está a merced de la literatura pero quién no. Graneros, kvas. Pushkin, Levín: no hay novela del siglo XIX que por uno u otro motivo no le impresione. Impresionable: las manzanas lo dejan boquiabierto. Mucho más, el azul. Su ambición es una: todo el vocabulario. Describir el uniforme del teniente primero de húsares, la ambientación de un rostro en una casa con establos y troikas, olor dulcísimo a boñiga de los caballos. Los vuelos y las telas (bromas) de los vestidos de Mademoiselle Kaushanska. Quizás, sus lecturillas no han sido del todo inútiles: ha dejado de pensar en aquella reina suprema de las tablas aún sin historiar, la actriz Olga Issamovna en cuyo amor, ocho años, jamás hallará un pañuelo de cabeza ni un parasol. La noche de la separación encontró en la sala un zapato, una boquilla. Noche de bodas. Podía haber escrito una novela: sin embargo, son otras las escenas que lo atraen. Así, para 1974 (homenaje a Guadalupe) recompuso como en un juego de bujías y tarjetas postales sus primeras contemplaciones habaneras.