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Rebrote de Franz Kafka (Tríptico de Franz Kafka)

Es una casa pequeña a dos niveles no muy lejos del río en un callejón de Praga. En la madrugada del once al doce noviembre tuvo un sobresalto, bajó a la cocinilla con la mesa redonda y la silla de tilo, el anafe y la llama azul de metileno. Prendió la hornilla y el fuego verdeció a la vez (tres) llamas en los tres cristales de la ventana: olía a azufre. Quiso pasar a la salita comedor a beber una tisana de boldo y miel, corrió la silla y se acomodó delante de una taza de barro siena que había colocado no se sabe hace cuánto sobre el portavasos de mimbre a seis colores, obsequio de Felicia: y una vez más apareció Felicia con la raya al medio, las dos trenzas y un resplandor de velas en el óvalo blanco de aquel rostro ávido de harinas y panes de la consagración, rostro tres veces una llamarada en el cristal de la ventana: apareció. Y era una vez más la niña tres veces de sus muertos, acudían al golpe del triángulo unos músicos de cámara y al golpe de la esquila (las tres) en el alto campanario no muy lejos del río: se arrellanaron, diez tazas, diez sillas en la inmensa casona de las mansardas, la casa en que los miradores y las cristaleras (establos y galpones) se abrían día y noche, el agua y las esponjas relucían. Pues, sí: era otra época y un coro de muchachas vigilaba las teteras (bullir) los eucaliptos (bullir) la mejorana y un agua digestiva (mentas) aguas de la respiración: todo tranquilo (por fin) todo tranquilo, subió los escalones y vio que se tendía en el cristal de la ventana (por fin) sin una aglomeración de pájaros en la ventana.