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Poema.es

Manoli...

Manoli, atravesando una calle --yendo hacia la Renfe-- me vi reflejado de cuerpo entero en la vidriera de un bar. Me miré como me vería mi madre. Una mirada como diciendo hijo pero qué viejo te has puesto, mira esa cara, pero qué flaco que estás. Quise eternizarme allí mismo, Manoli, detenerme en ese sentimiento tan vivo de mamá. Y entonces, purificado y dócil y manso de corazón como una criatura, pensé en ti. Pienso en ti. Para que ni el fuego te espante ni el gorrioncillo que llevas en lo más profundo de tu corazón te abandone. Para que comprendas el bullicio y el clamor ahora apagado que irás --poco a poco-- sintiendo envolverte, hurgar directamente en tus pechos, abrirte con manos delicadas pero seguras, hundirse en ti por la tan viva y pura gracia de tu belleza. Sátiro como yo no vas a encontrar, ni brujo que te unte como yo, ni poeta que te diga las blasfemias del más grande amor nacido del desamparo, de la orfandad de ser peruano y huérfano. Amador como yo no vas a encontrar ni amante como tú yo tampoco. Aunque tarde compruebes que de verdad me amas, y que debiste jugártelas por mí, y que la vida tan buena nos dio una oportunidad y todavía otra y otra y otra.