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Fruto somos

Van los hombres y las cosas hacia la estancia primera. La travesía es la voz. Del monzón de arenas emerge lo olvidado, el polvo se levanta en pequeños círculos. Van a la entrada del silencio. A lo largo la quietud, la sagrada quietud del sueño que los sueña. * Los alminares ciegan de resplandor pero Brueghel encuentra la puerta de Dios. Almagre de guijarros, limo y olvido. Entre la visión del Paraíso y el santuario los leones azules buscan el agua en el lecho del amor. En esa agua los cimientos, en su manto de fuego resonancias, melodías de otra lengua. * Tú curas la ceguera en aguas del Lagash y el corazón es noche configurando el sueño. Buscas perdón y la palabra río abre hasta el fondo la voz: Aún escucho su inmensidad. * En tus ojos la historia desgarrada, las luchas, los animales fieros. Busco salvarte: No persevere el enemigo oculto, no sea su sangre en tu vasija. Rostro sin velo, cuanto has temido cada tarde regresa mientras das sorbos en la demitasse. * Una flecha en el barro con la inscripción ti alumbra (?enliti? es palabra) a los elegidos bajo el reinado del león. Los dioses resguardan Tell Brak cuando el oscuro jadeo del viento. Mi cuerpo es ramas y el cielo insostenibles portones borrosos. * Penumbra en el alabastro, montes de limo bajo las frondas, maderos de cedro y tú, espejeante entre las dunas. Ciega a tu destino de la mano vas hacia el abismo del conocimiento. * El oro de las nubes se desliza en la espesura de tu paso, paquidermo, por Siam. Piedras preciosas ornan tu cabeza, accedo al árbol de purpúreas hojas que me hablan de aquella luna sobre tu piel. En tu trompa ramas recién arrancadas son cielos de plegaria. La memoria es presencia, fruto de lo vivido, en equilibrio avanza, vidente, hacia el verdor. * Más allá de tu piel, más hondo que tus huesos, el dolor, el dolor. Boca de este canto, espejo eres.