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Poema.es

Rota espuma

Una tierra devota, madre, un vientre para la miel de lo perdido, tierra de todos en el insbrik, cobre esbelto donde la espuma multiplicaba tu rostro. Busco la duración y no aparece. Veo desplegarse la oscuridad labrada desde un brillo solitario. Surgen en mi incertidumbre muertas, un puñado de hojas grises. Las formas ceden a lo inmóvil: humo obstinado en engarzar las perlas. Sangra en el vidrio, astillada, la claridad. * Por una brizna aposté mi palabra. Lanza fue la imagen de su luz. * Ráfagas, hojas y el blanco templo de muros que se esfuman. La memoria de los sueños son rosas que te salvan, noticias que traen los pájaros cuando es preciso despertar sobre la rota espuma, mirándonos, como en una alegoría. * Se incendia la ciudad día y noche, es el sueño del creador. Nacemos por otros ojos en la cólera del invierno. Se abren en el pecho las vencidas crujías. * En medio de la tormenta latidos y esa nostalgia que al cauce de las aguas avanza. De Akkad a Sumeria espíritus de su esfera desprendida llevan su sangre al río. Entre el rumor de las sombras miran al ave de la lluvia caer sobre la lápida. * La melancolía es destino diciéndonos lo que no somos: un huerto tejido de sombras, la cicatriz de la tarde, el rostro que lucha por saber quién fue. En el portal los pájaros recuerdan el viaje -y sin embargo- temo perder lo que de ti queda cuando te vas. * Borrar quiso los límites, el puente. Luna de sangre que el corazón escucha. Bajo el agua hundiéndose el linaje de su luz. * De melancolía e invierno redes vacías, oscuridad que somos. El viento deja de soplar en esta noche de puerto. * La nieve o el halcón entregan su silencio a la rama desnuda. * Sobre el agua destellos de flor, y no estabas. Nada es para sí. Tus manos en el marfil de Har saben a estío. * Eras trigo al aire sosegado, linterna que alumbraba mi cuerpo, huella caudal de mis sentidos. Tu palabra ave para mi sendero. Mas ahora te desvaneces y mi corazón sufre. * He de llorar a mitad del río, a mitad del puente el fuego del amor. Es la pregunta de la carne, alas y caricias de lumbre hasta los huesos, he de llorar. * Nunca dicha es la llaga.