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Panamá defendida (III)

III En tu retorno, Patria, con Bolívar, Tomás Herrera alondra fue del Istmo. ¿Por qué invoco su nombre? ¿Por qué canto? ¿Por qué escupo la piedra de las genuflexiones? ¿Quién fue? ¿Qué representa? Hoy invoco su nombre como invoco a Justo Arosemena. Las fechas sostenidas en las puntas del venablo, del ingenio y las viejas sepulturas. Hoy invoco sus nombres porque el barro donde crece la Patria que un día lo formaron los valientes, los ilustres, los patriotas como el buen Santiago de la Guardia, necesario es amarlo en perenne actitud, en anhelos de vidas y de diálogos. La Patria es una perla, una conducta azul, un lecho en vano herido. Siempre la Patria fue destino exacto, múltiple reflexión y manifiesto. Cual si de pronto un río se desbordara por el pulmón de América y las horas, como si las vigencias de los túmulos roturaran el cántaro de los sueños remotos. Cual si las policromías del barro y las vegetaciones coronadas clamaran por sonrisas y palomas, así la libertad era a tus playas galope prolongado, alusión del origen hacia América, abonada por dulces ataúdes, florecidos en las profundidades de la tierra. Porque reclinado al manso animal de su alma el hombre nace, besa los abrigos crepusculares de los pájaros; y cae e implora y muerde el polvo, atado a las raíces del devenir principio sustentado. ¡Oh, baúl de cadáveres, el tiempo! América es la Patria de los indios, América es la Patria, de los negros, América es la Patria, de los hombres amarillos y blancos, porque la tierra es única y amable. ¿Dime si no es el porvenir que canto cultivada ternura en lo terrestre? Entonces Hidalgo era la Patria, San Martín y las tumbas de los héroes.