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Panamá defendida (IV)

IV Te comparo, de nuevo Patria mía, con un joven indígena, con un joven maíz, fruto de tierra y sol, de lejanas canciones Y de vientos. Para tu sed de siglos la tierra fue tu origen; América, tu casa, el tiempo, tu navío al mañana partiendo irremediable. El tiempo es Dios Universal, mi Patria. Humanamente busco otra fuente más pura. Lo encuentro en la terneza (le la piel, en el agua, en el aire del futuro, como un águila de alas extendidas vigilando a los hombres cual polluelos. El tiempo es el olvido de la muerte. La muerte una morada de escombros y palabras. En la montaña, el viento es un panal silvestre, un trino popular, un riachuelo de alhajas. un techo por donde andan los crepúsculos. Libre como el relámpago es el viento. Mas, ¿Hay acaso flor abierta más hermosa que la sutil mansión de la paloma? ¿En dónde está la Patria? me preguntan mil manos campesinas, jornaleras . Está aquí -les respondo- junto al tiempo, junto a los cafetales y a las plantas más hondas de los ríos; frente a las comunales agonías de la noche donde en llamas madura el corazón. Está aquí -les repito- cual los garfios de antiguo guayacán asido al fondo de la tierra, cual indígena joya, insondable, que lavan los ríos subterráneos. Está aquí como un grito, como un cristal perpetuo de relámpagos, como un filo especial de roca y sangre. Está en las humedades de los bajos, en la soloma intacta, en los profundos pies del monte y los caminos. La vieron los fluviales girasoles en la fosforescencia de los troncos anónimos, perdidos, del buen cereal y la madera pútrida . Porque el día vendrá en que por las planicies, por las altas vertientes erizadas, por los difusos símbolos del pasto y los jardines, vendrán los combatientes hijos de Urraca, los aldeanos taciturnos, no a reconquistar sitios, ni ciudades, sino a exigir terruño, paz y Patria final. Son los hombres fecundos, los humildes, los que nunca fueron Dioses y fueron tristes y fueron contemporáneos esclavos de los hombres. Por eso cada aurora, cada tarde en que el monte se llena de protesta, y derrumban los cercados y cortan alambradas los labriegos, y prenden las montañas, y encienden mil lámparas de gritos, y hay salomas intensas como llantos y machetes rondando las campiñas, se abre una trocha más, se abre la puerta hermosa de la espera.