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Poema.es

De pronto en una playa interminable

Toco en la oscuridad las cerraduras. ¿Cómo llegué hasta aquí? Es una extraña casa que rodean tinieblas, y me llaman. ¿Quién eres tú, la que me canta? Recuerdo ahora el mar. ¡El mar! Si yo pudiera volver al mar a aquella playa donde llovía siempre. Allá arriba las verdes colinas y más allá la tierra escarlata, y la Gran Cordillera que vigila volcanes, el viento que sopla desde allí, y el cielo de cristal. Nadie en las dunas. La lluvia ahuyenta y me deja solo en esta playa de pronto interminable. Como el mar es la casa, como la lluvia sus muros. Siento mis pasos: ya están aquí, y abro la puerta. ¿Cómo cruzar el fuego que arde entre tus pasos y los míos? ¿Quién me trajo a estos muros que se encienden y se apagan? Y entro en otros cuartos que se abren a otros cuartos, y el silencio es un cíngulo dormido en los dinteles. La imperceptible niebla empapa las recámaras, pisa los zócalos, roza ventanas, hunde los lechos. Mis pasos se adelantan al llegar a la sala, al llegar a la mesa, al llegar al libro abierto de polvo, al libro y a la mesa que nadie ha tocado en mil años, y nadie vendrá. Pero ahora la niebla toca con su frente los umbrales. Ya no hay nadie en la casa. (Si hubiera alguien, ¿a quién amar ahora?). Toco la mesa y la mesa se ilumina. Toco las cerraduras y las cerraduras se abren. Toco en la oscuridad los muros, y los muros se apartan, y escucho en el silencio de la sangre el río que me habla sobre esta oscuridad.